mar 8a. de Pascua (Id=259)
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El Señor les dará a beber el
agua de la sabiduría; se apoyarán en él y no vacilarán; el Señor los llenará de
gloria eternamente. Aleluya.
Aqua sapiéntiae potávit eos; firmábitur
in illis, et non flectétur,
exaltábit eos in aetérnum, allelúia.
Oremos:
Señor, tú que nos has librado del pecado por medio de la muerte y resurrección
de tu Hijo, prosigue en nosotros la obra liberadora de tu gracia y concédenos
el gozo de celebrar la pascua eterna, que ya desde ahora nos llena de esperanza
y alegría.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Arrepiéntanse y bautícense en
el nombre de Jesucristo
Lectura del libro de los Hechos
de los apóstoles
2, 36-41
El día de Pentecostés dijo Pedro a
los judíos:
"Sepan, pues, con plena seguridad los israelitas, que Dios ha constituido
Señor y Mesías a este Jesús, a quien ustedes crucificaron".
Estas palabras les llegaron hasta el fondo del corazón, y le preguntaron a Pedro
y a los demás apóstoles:
"¿Qué tenemos que hacer, hermanos?"
Pedro les contestó:
"Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo, para que
queden perdonados sus pecados. Entonces recibirán el don del Espíritu Santo.
Pues, la promesa es para ustedes, para sus hijos e incluso para todos los
extranjeros, a quienes llame el Señor nuestro Dios".
Y con otras muchas palabras los animaba y los exhortaba, diciendo:
"Pónganse a salvo de esta generación perversa".
Los que aceptaron su palabra fueron bautizados, y se les unieron aquel día unas
tres mil personas.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 32, 4-5.18-19.20 y 22
El amor del Señor llena la
tierra.
Misericórdia Dómini plena est terra.
La palabra del Señor es
sincera, todas sus acciones son leales. El ama la justicia y el derecho,
El amor del Señor llena la tierra.
Misericórdia Dómini plena est terra.
El Señor se fija en quienes lo
respetan, en los que esperan en su misericordia, para librarlos de la muerte y
reanimarlos en tiempo de hambre.
El amor del Señor llena la tierra.
Misericórdia Dómini plena est terra.
Nosotros esperamos en el Señor,
él es nuestro socorro y nuestro escudo. Que tu amor, Señor, nos acompañe, tal
como lo esperamos de ti.
El amor del Señor llena la tierra.
Misericórdia Dómini plena est terra.
Aleluya, aleluya.
Este es el día del triunfo del Señor; día de júbilo y de gozo.
Haec dies quam fecit Dóminus; exsultémus et laetémur in ea.
Aleluya.
He visto al Señor y me ha dado este
mensaje
† Lectura del santo Evangelio según
san Juan
20, 11-18
Gloria a ti, Señor.
El día de la resurrección, María se
había quedado llorando junto al sepulcro. Sin dejar de llorar volvió a asomarse
al sepulcro. Entonces vio dos ángeles, vestidos de blanco, sentados en el lugar
donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies.
Los ángeles le preguntaron:
"¿Mujer, por qué lloras?"
Ella contestó:
"Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".
Dicho esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo
reconoció. Jesús le preguntó:
"Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién estás buscando?"
Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió:
"Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo iré a
recogerlo".
Entonces Jesús le dijo:
"¡María!"
Ella se se acercó a él y exclamó en arameo:
"¡Rabuní!" (que
significa "maestro").
Jesús le dijo:
"No me retengas, porque todavía no he subido a mi Padre; anda, ve y di a
mis hermanos que voy a mi Padre que es el Padre de ustedes; a mi Dios, que es
también su Dios".
María Magdalena se fue corriendo adonde estaban los discípulos y les anunció:
"He visto al Señor".
Y les contó lo que Jesús le había dicho.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Acepta Señor, en tu bondad, los dones
que te presentamos, y concédenos tu protección para conservar tu gracia y
conseguir la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Cristo vive siempre e intercede por
nosotros
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en
este día en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él no cesa de ofrecerse por nosotros, de interceder por todos ante ti;
inmolado, ya no vuelve a morir; sacrificado, vive para siempre.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
[Misa]
Puesto que han resucitado con
Cristo, busquen las cosas del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de
Dios; aspiren a los bienes del cielo. Aleluya.
Si consurrexísti cum Christo, quae
sursum sunt quaérite, ubi Christus
est in déxtera Dei sedens; quae sursum
sunt sápite, allelúia.
Oremos:
Tú que nos has concedido la gracia incomparable del bautismo purifica, Señor, y
fortalece nuestros corazones para poder alcanzar un día la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.